Sus ojos estaban empapados en lágrimas, una gota más y brotarían sin cesar. Una mano acarició su mejilla, lo que provocó el desbordamiento de esas lágrimas. Rápidamente se las fué a quitar, pero él fue más rápido y se las apartó al instante. Acarició su cara, se puso frente a ella y le apartó el pelo que estorbaba de sus perfectos pómulos, normalmente pálidos.
-No quiero perderte, no otra vez - susurró ella
-No me pierdes, sabes que siempre estaré contigo - afirmó él
-¿ Me abandonas entonces ? - insistió
-No te abandono, eso nunca - suspiró -, solo tengo que rehacer mi vida. Hacer de mi futuro una vida nueva -
-Me odias entonces... - suspiró
-¿¡Qué!? - gritó -, ¿ cómo piensas eso Lawrence? -
-Es lo que parece que sientes... -
-No, yo te quiero. Bueno, no, miento, TE AMO -
-¿Y? - levantó la vista, haciendo que él se cruzase con esos ojos azules intenso que tanto le ipnotizaban - Eso ahora me significa nada - suspiró. Un suspiro largo y fuerte.
-Con eso te digo que pase lo que pase yo voy a quererte igual o más que el primer día - sonrió como pudo
Él ya no pudo más, no pudo sostener las gotas en sus ojos y las soltó. Por primera vez.
-Tengo que irme - agachó la cabeza - volveré -
-Kläus... - sollozó ella - Yo.. yo también te amo - confesó, por primera vez.
Dicen que las verdades solo se dicen cuando uno está al límite, cuando se presiente que todo acabará y nada volverá a ser como antes. Es cuando las declaraciones reales, las verdades salidas del corazón florecen a flor de piel.
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