Nadie te conoce tal y como eres, nadie sabe como te sientes, nadie , sinceramente, te conoce. Durante todos tus días, desde qué abristes los ojos por primera vez, te has relacionado con personas, iguales o no a tí, pero sí personas, con sentimientos o no, pero si sonrientes, con sinceridad o no, pero si erguidos. Nunca fuistes capaz de darte cuenta lo qué verdaderamente vale, lo qué es real y lo qué jamás te podrá derribar. Mentiras y más mentiras, han invadido tus dia a dia hasta este momento, miles de lágrimas has soltado durante todos tus años, miles de parches has pegado en tu corazón durante todos tus desamores, pero ahora, ahora sí qué es hora de despertar, de salir a la luz, de mostrar tu rostro ante todos.
Alzas la vista y ves como todas las miradas se centran en tí, únicamente en tí. Sonries, pero nadie puede verlo, aunque sí percibirlo. Alzas la mano, pidiendo así silencio y más atención aun. Todo el mundo obedece, te observan, algunos con repugnancia, otros con resignación y otros con felicidad y carisma.
Pones la mano sobre el filo de la máscara, y poco a poco vas levantandola, contra la fuerza de la gravedad. ´
De pronto las personas allí presentes, perciben tu barbilla, ven tus perfectos y jugosos labios, y seguidamente, tu mirada. Ahogada, cansada, dolorida tal vez, parcheada, húmeda, fija y tenue, brillante y sincera.
Ahora ves qué nada era como creías en un entonces, qué se es más feliz siendo tal y como eres, sin ninguna careta ninguna máscara qué inpida ver tus virtudes y desvirtudes, nada qué te haga inferior, nada qué oculte tus verdaderos sentimientos.
Sonries, estás feliz y satisfecha. Sueltas un suspiro de tranquilidad, serenidad. Muestras tu mejor sonrisa y andas hacia tu nuevo futuro, tu nueva vida, tu nuevo ser.


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